QUIÉN GUÍA

Soy Cristina.

Antes de ser quien acompaña este viaje, tuve que hacerlo yo primero. Esta es esa parte del recorrido.

Nunca supe muy bien cuál era mi lugar.

Aprendí a observar lo que le funcionaba a los demás, e intenté parecerme a eso —durante mucho tiempo— hasta que, por más que lo intentaba, dejé de sentir lo que se suponía que tenía que sentir.

¿Cuál era, entonces, mi lugar?

ELEGIR CAMINO

Cuando tuve que escoger qué estudiar, no lo tenía nada claro.

Nadie me dijo nunca qué debía elegir. Pero la pregunta que me hacía no era qué quería yo: era qué haría que mi familia se sintiera más orgullosa.

Empecé publicidad en Barcelona. No acabé ni el primer año, pero descubrí el diseño. —sentí que no era lo mío. Pero me llevó a descubrir una opción que ni sabía que existía.

Cuatro años de diseño gráfico después, con un Erasmus en Finlandia por el medio —en ese momento era la capital del diseño, y eso daba "puntos".

Me gradué. Le sumé un máster en dirección de arte.

EL CURRÍCULUM PERFECTO

Trabajé en una agencia de publicidad, en un estudio de diseño, en el Bulli Lab con Ferran Adrià. Todos estaban orgullosos de mí.

Diseñé una plataforma interactiva. La presenté a inversores.

Fue uno de mis mayores desilusiones profesionales.

Decidí volver y abrir mi propio estudio de diseño. Pero por más que lo intentaba, nada terminaba de funcionar, o no como yo quería.

Y en el fondo, yo tampoco funcionaba, algo seguía sin encajar dentro de mí.

En 2017 perdí a uno de mis mayores apoyos.
Y me terminé de romper.

EL CUERPO NO MIENTE

Mi cuerpo empezó a somatizar todo lo que llevaba toda la vida ignorando. Por fuera todo parecía estar bien.

Médicos, terapeutas, pruebas. Todo daba bien.

Y así entré en el mundo holístico: terapias alternativas, aceites esenciales, astrología, registros akáshicos. Cursos, libros —aprendía sin parar, intentando comprenderme, entenderme, saber quién era realmente.

Hubo momentos en que me pregunté si ese tampoco era mi sitio. Absorbí muchísima información por el camino. Estaba más fuera de mí que dentro.

PARÉNTESIS

En 2021 fui madre, y en 2024 repetí.

Mis dos mayores maestros.

Seguí estudiando sobre la energía, el subconsciente, la realidad que vivimos y lo que sentimos como real.

En 2025 hice realidad uno de mis sueños: la casa con la que siempre había soñado.

También me di cuenta de que me echaba de menos. De que necesitaba tiempo para mí y para proyectos nuevos. Me di un año para encontrar qué quería hacer con mi vida. Si no lo encontraba, volvía al mundo laboral normal —al final soy madre, y "tengo que ser responsable".

Me echaba de menos, y me di un año para encontrarme.

2025

No hizo falta un año entero.

No hizo falta el año entero.

Al mes ya estaba soñando con una estrella que me guió a escribir. Un libro por semana. Doce libros en total.

Y aunque era un viaje interno, se convirtió en Polaris, un viaje que ha venido a servir, a recordarte quien eres para que puedas vivir la vida que, en el fondo, sabes que has venido a vivir.

Entendí mi propósito, mis dones y aquello en lo que soy buena;

y aprendí a vivir desde una versión más auténtica y verdadera.

Por primera vez en mi vida, supe que estaba donde realmente quería estar.

Aprendí a escucharme, a entenderme, a guiarme por mi propia voz. Mi propia estrella.
Para poder ayudar a otras personas a conseguir lo mismo. Porque vivir desde lo que creemos es una cosa, pero vivir desde tu yo auténtico… no tiene palabras.

ASÍ ME ECONTRÉ

Antes de cualquier carrera, cualquier máster, cualquier terapia, hay una niña a la que siempre le gustó dibujar, pintar e imaginar otros mundos.

Ese es el hilo que nunca se rompió, aunque tardé más de treinta años en volver a él.

El tren de Polaris apareció mientras escribía el primer libro, sin haberlo planeado, sin tener del todo claro hacia dónde iba. Igual que aquella niña: no sabía a dónde la llevaba, solo que quería seguir imaginando otros mundos.

¿Cuál era, entonces, mi lugar?

Por fin, creo que lo sé.

Tu estrella ya sabe el rumbo

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